Quiéreme.
Quiéreme.
Quiéreme.
Deséame.
Ámame.
Soy tuyo, y solamente tuyo,
y nadie me detendrá.
O sea que
Quiéreme.
Seré tuyo, solamente tuyo,
y tú me amarás.
Ámame. Deséame. Soy tuyo.
No muerdo.
Y tú vendrás detrás de mí,
sólo porque sí.
Tarde o temprano me harás tuyo,
porque no soportas vivir sin mí,
sin mis labios.
Quiéreme.
Ámame.
Que cuando probaste de una miel tan dulce,
tan impura, tan picante, tan salada,
quisiste más y te daré más,
porque sé que me amas, yo lo sé,
o sea que ven detrás de mí, de una vez.
Quiéreme.
Quiéreme.
No soy dócil, pero tú me quieres fácil,
y por ti no lo seré, sólo ven,
porque no aguantas más sin mí,
sin mi piel de jengibre, mis ojos de crema,
y mi personalidad tan acanelada.
Quiéreme. Ámame. Quiéreme.
De repente te distraes y miras a otro panal,
una reina pelaje rubio y vestimenta negra,
que su atrás está picoteándote todo,
igual la dejarás, no significa nada para ti,
quiéreme,
porque soy el único para ti, y lo sabes.
Quiéreme.
Y tú te rendirás y estarás a mis pies
quiéreme, a mis pies caerás y te daré un beso
y tú, quiéreme, serás feliz por siempre de tenerme,
y me vas a tener a tu disposición, quiéreme, y nunca,
quiéreme, nunca me iré de tu lado.
Quiéreme.
Porque yo sé que tú me amas.
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