Friday, January 31, 2014

Charlie Walls

Ocaso en un desierto uno ve agua,
un manantial, un paraíso en el campo muerte,
palmera sin coco y ave de rapiña.
Todo se suma a un jugo de piña, relaja,
bebe con confianza que nada te pasará.
Confía en un espejismo, nadie se opondrá.

Verlo una vez y otra, su rostro y facciones,
su pantorrilla y moretones, su gracia, su sonrisa,
y no es él a quien veo sino a un parecido
y no es quien creo, solo quien finjo ver.
Me mareo. Y, ¡RAYOS! Me ve y se sonroja,
pero no me importa si esa sonrisa no es de él.

Su voz escucho en el hombre que se mete a mi cama,
su caricia en el rubio que respira en mi espalda,
sus labios en el chico que me hace gritar,
sus palabras en el cretino que me hizo llorar,
su mirada en cada baile que he bailado.
Pero él no está, él me dejo, solo he quedado.

Después de él vinieron varios, todos reemplazo,
cada uno un sicario. Descubren mi punto débil
y lo juegan, saben que aún sollozo por él,
me entregan a la condena que es recordarlo,
se burlan de que aún no puedo superarlo,
sería mejor solo rendirme en mi búsqueda.

Un año lleva siendo feliz, yo tres siendo miserable.
He estado con varias parejas, inútil ha sido.
Me he acostado con chicos con pareja, peor.
Traicioné amistades, jugué con fealdades,
hice de todo para sentir ese deseo que él una vez
tuvo por mí. No lo encuentro. No existe.

Y esa vez, la última vez, lo recordé por fin.
Lloré el camino regreso a casa, pero fui feliz.
Una noche, en el cumpleaños de mi madre,
ya era tarde, y en la discoteca yo bailaba con un X
que me seducía y yo le ignoraba, pero lo vi por fin
y él me miraba, y mira con desprecio al X.

Él se acercó a mi madre pidiendo que me hable,
una distracción y del X alejarme, pero no,
posó sus manos en mi culo y eso lo desquició,
a una chica se acercó a hablarle, seducirla hasta celarme,
lo logró. X, con ganas de un beso que nunca obtuvo,
no se rindió en querer voltearme, cogerme y darme.

Me fui con él, porque él lo es todo para mí,
no soy nadie para él pero no puedo dejarle.
Bromeé con la chica estafada, pobre esperanzada,
mientras él le contaba anécdotas que habíamos vivido,
el sexo pasional que hemos tenido, y él, wow, él,
no era un espejismo. Era él.

No pude creerlo, me intentó besar y no quise caer,
a la chica, en estado de ebriedad, dejamos en su casa,
y nos regresamos. La noche anterior X trató de robarme,
pero él no dejo que se acercase. En el taxi, sus piernas
fueron mis almohadas, y su brazo fue mi manta,
y su caricia fue mi paraíso. Él, por fin, recordó que me quiso.

Pero se fue de nuevo,
y me prometí nunca más pensar en él.
El problema es cuando lo veo en todas partes
pero nunca es él.

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