Respiras y no lo piensas,
piensas y no lo procesas,
procesas y no lo sientes,
sientes y no lo sabes.
¿Sabes? Todo es tan rutinario
que con qué fin esperaré que algo
sea distinto a lo que ya ha sido
si aquél algo es el mismo que hace daño
a mi algo que no razgo suficiente o cavé
suficiente en mi ser o quizás enterré
en una memoria, trizas, en un fin, cenizas.
Jugaste conmigo, y disculpas no pedí,
no esperé que las fueras a dar,
porque, como dije, el perdón es falso,
uno no olvida, uno no se disculpa,
uno solo quiere una explicación,
un POR QUÉ. Dámelo.
¿Por qué jugaste conmigo?
¿Por qué me dijiste que te gusto?
¿Por qué fuiste insensato en irte
sin decir adiós o siquiera desearme bien
e irte cual cobarde te boté, cobarde yo quizás?
Me ligabas, me atabas, me anudabas a tu ser
expuesto como arte, lujuria es lo que trae,
¿qué hiciste conmigo que ya ni pienso como antes?
¿Qué quisiste de mí? Y, ¿lo llegaste a obtener?
Debe ser tan rutinario para ti correr,
hacer sentadillas, tomar agua,
convertir oxígeno en dióxido de carbono,
y jugar con hombres,
todo por un poco de atención.
Guapo eres, y eso muere,
conociéndote, ¿quién te querrá en un futuro?
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